Fingal Bay y Shark Island, desiertos en la costa.

Autor:

Teresa

Fecha:

11 octubre, 2016

Categoría:

Australia, Rutas

Esta playa y su isla, están unidas por un estrecho istmo que solo aparece cuando la marea está baja. Cruzarlo es casi imposible y la isla está rodeada por innumerables tiburones que hacen honor a su nombre

El segundo día de nuestro viaje por la costa Este australiana lo pasamos en Fingal Bay y shark Island. Este fue uno de esos destinos que lo decidimos pocos días antes de comenzar el viaje.
Investigando el camino que recorreríamos descubrimos que existía este lugar antes de nuestra parada en Sidney y lo que pudimos leer y ver en Internet fue suficiente para saber que merecía la pena ser visitado.

Paisajes toscos y vírgenes

No estábamos equivocados, aquel lugar mereció mucho la pena.
Estuvimos caminando por sus extensas playas de gigantescas e interminables dunas, en las que la huella humana es casi imperceptible. Y de repente, parecíamos hallarnos en otro planeta, rodeados de las condiciones atmosféricas más bastas: frío, tormentas de arena y agua y un fuerte oleaje que ya se advertía en un rudimentario cartel a las faldas de la entrada a las dunas.
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Fingal Bay nos recibió con viento, lluvia de arena y agua y un fortísimo oleaje. Era como si no quisiera que estuviéramos allí…

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Shark Island

Lo más reseñable de este lugar es que la playa de Fingal Bay se une con esta isla mediante un fino hilo de arena que queda al descubierto solo cuando la marea está baja.
Conforme te acercas aparece un cartel en el que te advierten del peligro que puede suponer cruzar el paso si la marea no es la adecuada, de que te mantengas atento al ciclo de estas o de que no te quedes en la isla de enfrente mientras está subiendo, de las fuertes corrientes que se generan en ese sitio donde se unen dos flujos contrapuestos y de la alta presencia de tiburones alrededor de la misma, que hacen honor a su nombre.

Desafortunadamente no pudimos cruzar. Las condiciones no eran propicias y la marea estaba demasiado alta.

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Es indescriptible la sensación de ser testigo de ese espectáculo de la naturaleza. Andar por el comienzo del istmo, comenzar a ver las gigantescas olas chocar unas con otras y sentirte tan diminuto al lado de todo aquello, te hace ser consciente de lo vulnerables que somos, pero a la vez te adentra en un estado de hipnotismo en el que no puedes dejar de querer observar todo eso ni un instante.

Somos seres diminutos al lado de la grandiosidad de la naturaleza.

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Fauna autóctona

Así como no fuimos capaces de ver ni una sola aleta de tiburón, sí que pudimos ver algún marsupial típico de la fauna australiana. Por la noche mientras estábamos cenando en el caravan park en el que dormimos, Carmen vio pasar un Wombat sigilosamente cerca de nuestra furgoneta. Decidimos salir a buscarlo con nuestras linternas en mano pero para entonces ya era demasiado tarde, no pudimos volver a verlo.
Lo que no sabíamos es que nos esperaban muchos otros animales a los que ver en los siguientes días.

Nuestra particular reflexión

Lo mejor de este viaje es que nos hemos sentido libres. Nos resultaba difícil definir ese sentimiento que nos acompañó durante todo el trayecto hasta que nos encontramos con la definición perfecta, cuando por esas casualidades de la vida nos topamos con Be_naïve_ y su blog Champagne para desayunar. Uno de esos blogs en los que cuando entras no puedes parar de leer una y otra entrada. De esos que te obnubilan de tal manera que pierdes hasta la noción del tiempo y hasta de ti mismo y pasas a centrarte exclusivamente en lo que tu imaginación está creando al leer cada línea.
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Y fue leyendo este bonito blog, el cual os animamos encarecidamente a visitar, cuando descubrimos una definición perfecta de lo que esa sensación de libertad había supuesto para nosotros, no solo en ese viaje, sino desde que comenzamos toda esta aventura. Y dice así:

“Libertad lo llaman a detener el tiempo y pasar lista a los sueños, a perdonarse los miedos, recomponer el impulso y no deberle nada a nadie. Libertad lo llaman a abrir las palmas de las manos y sentir que el viento redime, y libera, y dibuja de nuevo la linea de la vida. Esta noche, en la hora suspendida que cobra su sitio a espaldas del mundo, en el instante justo en que la vida se conjuga en primera persona del singular, me reinvento libre, como un caballo salvaje, y me prometo cabalgar sin riendas el mañana.”
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Y, con esas letras aún en la punta de mis dedos, fui a por ello: me reinventé libre y cumplí mi promesa: cabalgar sin riendas, sin límites; y no sólo he pasado lista a mis sueños, los he ondeado por encima de las circunstancias; he perdonado mis miedos y puedo decir que he cobrado nuevo impulso porque por mucho que se haya hundido en el camino, el Duomo y yo seguimos en pie, brindando con Champagne. Libres.

Y porque en este viaje lo más importante que he aprendido es que lo que hace que lo increíble sea creíble es … hacerlo.”

Gracias Be_naïve_ por prestarnos este precioso pedacito de tu bitácora.
Os dejamos el enlace al post entero llamado Viaje al centro de la libertad para los que queráis leerlo entero.
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