No, aun no soy bilingüe

Autor:

Teresa

Fecha:

21 marzo, 2017

Categoría:

Reflexiones

Ya ha pasado más de un año desde que vivimos en el extranjero y la conclusión a la que hemos llegado es que nunca llegaremos a ser bilingües. No porque no vayamos a ser capaces de aprender el vocabulario o reproducir sus sonidos, sino porque, ser bilingüe implica pensar y conocer la realidad de una manera concreta y diferente a la de uno mismo, y eso, desafortunadamente solo se adquiere creciendo y viviendo en el lugar de origen de la lengua en cuestión.

Hace unas semanas leí un artículo que me produjo dos sentimientos encontrados, el de desilusión pero a la vez un cierto alivio. Se trata de un artículo publicado en la revista GQ en el que Mateo Sancho exponía abiertamente su convicción de que, después de vivir en el extranjero desde hace años sigue sin ser bilingüe, y que lo peor de todo es que nunca llegará a serlo.

Cuando leí el titular me sentí un poco desesperanzada. Lo que se había convertido en mi principal objetivo al venir a vivir aquí no solo se estaba viendo desvanecer por la propia experiencia, sino que además, se estaba viendo ratificado en las palabras y vivencias relatadas por Mateo.

Nunca llegaré a ser bilingüe. Si así es. Después de las correspondientes etapas de negación, ira y tristeza, al final llegó la aceptación. Y es que no nos queda otra, y no porque seamos unos zotes, sino porque es algo natural.

Antes de leer las palabras de Sancho vivía ofuscada, ansiosa, alerta, siempre prestando la máxima atención a todo aquello que se decía a mi alrededor, con la consecuente decepción al darme cuanta de que a veces no entendía ni el 30% de lo que estaba ocurriendo ahí.
Me enfadaba conmigo misma, ¿cómo puede ser que lleve casi un año aquí, que trabaje rodeada de gente angloparlante y que la mayoría de lo que mis oídos perciben son sonidos inconexos indescifrables aún para mi? ¿de qué me sirve escuchar la radio en inglés todas las mañanas, llevar siempre un cuaderno apuntando nuevo vocabulario o ver charlas TED en ingles si luego llego a la vida real y no se de lo que están hablando?

Obviamente he experimentado una gran mejora, me entero de la gran parte de cosas que tienen que ver con mi trabajo y he conseguido que me valoren y me respeten en el mismo.
Pero ha llegado un momento en el que he hecho mía la frase de Mateo:

“No es que llegue un momento en el que lo entiendes todo. Es que llega un momento en el que te la pela”

Pues si, te la pela. Te la pela que estén hablando de lo bueno que es el vídeo viral que vieron ayer en Facebook o de lo que van a hacer el finde, no porque no te importen tus compañeros, sino porque sabes de antemano que como mucho te enterarás de la cuarta parte del argumento de la peli, del cero por ciento de las bromas que hagan y del slang que utilicen mientras cuentan todo eso ni hablamos.
Comparo el estar rodeado de un idioma que no es el tuyo a estar metido en una piscina con una escafandra puesta. En el agua están tus compañeros, sin escafandra y hablando libremente de sus cosas y tu desde tu buzo intentas descifrar esos sonidos que llegan tan distorsionados hacia ti para completar y dar sentido a ese puzzle que estás construyendo con cada pieza.

Aún así, no hay que olvidarse que lo realmente difícil al aprender un idioma no es memorizar el vocabulario (eso con paciencia y práctica se acaba consiguiendo) sino entender que un idioma conlleva una forma de pensar, actuar y de conocer la realidad determinados y diferentes a la de otro.
Pretender hacer entender a un extranjero en España referencias a personajes famosos, refranes o formas coloquiales de hablar es asegurarle cara de bobo intentando traducir literalmente lo que le has querido decir con la siguiente frase por ejemplo: “ayer mi jefe me montó un pollo porque la lié parda”. Y esa es la cara que se me debe de quedar a mi cuando les oigo hablar de sus cosas.

Las buenas noticias son que sigo con la misma ilusión de aprender e integrarme en este idioma que al fin y al cabo te abre puertas en todo el mundo. Que aprender un nuevo idioma te hace pensar el doble, te agiliza los pensamientos y te hace activar la conexión emocional con las personas más que nunca. Ah, y que para todo lo demás el lenguaje de signos es universal.

Nunca llegaremos a hablar bien el idioma de Shakespeare, vale, pero a cambio tenemos la suerte de dominar un lenguaje tan completo como el español que nos permite entender la realidad de una manera compleja, llena de detalle, sátira, ironía y humor. Sobre todo humor. Eso si que lo echamos de menos.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *